Aunque ha militado en tres partidos a lo largo de su vida- DC, PRI y FREVS-, la historia del candidato a las primarias presidenciales está marcada por una política de centroizquierda, socialcristiana, regionalista, que se ha levantado contra los monopolios y con foco en el desarrollo sostenible. En las siguientes páginas, Mulet habla con Laual sobre su familia, el click que lo hizo ser por primera vez candidato a un cargo de representación popular, la lección de su padre de que luchar contra la dictadura no era una opción, sino un deber, y por supuesto, de lo que lo moviliza para convertirse en el próximo Presidente de Chile.

Son las 11 de la mañana del jueves 5 de junio y Jordan Francisco – de nacionalidad venezolana – maneja como todos los días un uber. Aunque siempre escucha reggeatón, esa mañana la pasajera le pide sintonizar el debate de primarias presidenciales que transmite Radio Duna. Jordan lo hace a regañadientes y asegura que va a votar por la derecha. Aunque reconoce que no sabe nada de política chilena y no conoce a quienes se presentan de candidatos, el fantasma de Maduro le resulta más fuerte.
Escucha sin muchas ganas. De pronto una voz masculina habla de reducir el gasto fiscal y cerrar las puertas de la casa a los inmigrantes ilegales. Jordan quiere lo mismo.
“Ese candidato me gusta a mí, ¿quién es?”
Jaime Mulet, le responden.
Esa misma tarde, Jaime Mulet Muñoz aparece vestido de traje y corbata azul con rayas verdes, que combina con el marco de sus anteojos, bufanda y calcetines. El color no es casualidad: en 2017 fundó la Federación Regionalista Verde Social, que hoy en Santiago, cuenta con una oficina en el Pasaje Príncipe de Gales, a un par de cuadras de La Moneda. Desde ese lugar, hablará por los siguientes 90 minutos con Laual.
Jaime Mulet sueña con su padre. No es una escena que se repita, ni una conversación entre el vivo y su padre muerto. Es una presencia. Una voz que permanece en el recuerdo hasta ahora, a sus 61 años. Juan Mulet Bou le habla todavía con esa misma claridad con que, el 11 de septiembre de 1973, le explicó que lo que escuchaban en la radio no era solo un golpe de Estado, sino un zarpazo a la historia.
Para el bombardeo contra la casa de gobierno, Mulet era el sexto hijo de siete hermanos. Tenía 10 años, una bicicleta y sin saberlo su infancia terminaba de improviso. Pedaleando vestido con el uniforme del Liceo Público de Vallenar recorría la ciudad con sobres sellados que no debía abrir. Sobres con mensajes de la resistencia contra la dictadura que llegaban en bus al centro de Vallenar de la de mano del ex diputado de la DC Arturo Valdés que viajaba exclusivamente para ello. Los documentos y el boletín de la Vicaría de la Solidaridad, pasaban al pequeño ciclista y de ahí a su papá. Juan Mulet, profesor de historia y quien fue regidor de la Democracia Cristiana hasta el 73’, se transformó en el principal opositor de la dictadura en Vallenar. “A los socialistas y comunistas los habían matado”, explica su hijo 55 años después. Por eso, de punto fijo en las afueras de la casa de los Mulet, había un carabinero vigilando los pasos del patriarca.
El niño en bicicleta se hacía invisible.
Su padre no lo instruyó con arengas, sino con libros y doctrina social cristiana. Jaime Mulet aprendió temprano que la política contra la dictadura no era solo una militancia, era lo que se tenía que hacer.
En su casa, donde dormían de a tres hermanos y hermanas por pieza, el padre daba clases en cuatro liceos para costear los gastos de una familia numerosa. La madre, Carlota Muñoz, más aterrizada y práctica, con hijos universitarios abrió una paquetería para sostener su educación. Como no tenía ayudante, cada vez que venía a comprar materias primas a Santiago, Jaime, el escolar que hacía tareas y entregaba mensajes políticos, también atendía las vitrina donde aprendió de botones blondas y cierres. Hoy muestra que antes del debate cosió su corbata con hilo verde
¿Cuándo supiste que querías ser abogado?
Desde séptimo básico. Me gustaba representar a otros. Me marcó mucho la serie “Owen Marshall, abogado defensor”, y también Perry Mason, que era un personaje de televisión, un abogado que nunca perdía un caso. No solo por brillante, sino por justo. Yo sentía que quería ser como él. Aunque la verdadera influencia vino de más cerca.
¿Por qué elegiste a la Católica?
Saqué un muy buen puntaje en la PAA en ese entonces; tan bueno que entré número 10 a la Católica. Pero más allá del puntaje, lo que me motivó fue la doctrina social de la Iglesia. Entré en 1981, venía saliendo del colegio en 1980, y en ese momento la Iglesia Católica tenía un rol muy relevante en la lucha por los derechos humanos. Admiraba profundamente a figuras como el Cardenal Raúl Silva Henríquez, a Fernando Ariztía y a otros obispos que se la jugaban contra la dictadura. Esa Iglesia —la de Puebla, la de Medellín— me conmovía: comprometida con los pobres, con la justicia, con el país. Eso fue lo que me atrajo. Hoy la iglesia ya no es la misma, la siento más distante, más fría. La doctrina de Jesucristo sigue siendo la misma, claro, pero el compromiso social que yo veía en esa época ya no lo veo igual.
¿Y eres de misa?
Sí, aunque no voy todos los domingos. Me considero creyente y trato de ser un buen católico, pero reconozco que no cumplo todas las reglas. Por eso digo “ soy cristiano y trato de ser católico”, porque es exigente.
¿A qué Iglesia vas?
Actualmente voy a una Iglesia Jesuita, en el Colegio San Ignacio, donde estudia una de mis hijas y que nos queda cerca. Y cuando estoy en Vallenar, trato de ir a la Iglesia Corazón de María, que es la que frecuenta mi mamá.
La vida de los Mulet en el norte comenzó cuando sus abuelos- azotados por la pobreza en la que quedó España después de la guerra de independencia de Cuba- se vinieron en barco desde las Islas Baleares a vivir a Vallenar. Jaime es la segunda generación nacida en Chile.
Hoy se define como un provinciano del norte. No lo dice con nostalgia ni con desprecio por Santiago, sino con la certeza de quien sabe de dónde viene. Para él, ser de provincia es una forma de habitar el mundo con los pies más cerca de la tierra.
¿Qué es ser provinciano?
Es no ser de la capital, no formar parte de esa élite que decide por todos desde cuatro comunas. Es mirar con otra perspectiva. Yo me siento más cómodo en los sectores populares, con la gente común. No porque me sienta ajeno a la élite, sino porque nunca fui parte de ella.
¿Y esa identidad se nota en lo cotidiano?
Claro. En la forma de hablar, de saludar. En cocinar para los amigos, en sentarse largo en una sobremesa, en compartir más que exhibir. En hacer empanadas mallorquinas- que preparo desde joven con cordero crudo que se cocina al horno- y paellas con todo el rito.
No existe un momento en que Jaime haya escuchado un click para entrar en política. Siempre estuvo ahí. Fue presidente de curso desde primero a cuarto medio en el Liceo Barros Arana, en la PUC fue delegado de primero a quinto año y militó en la Democracia Cristiana.
“En la universidad, participé en política desde el primer año. Justo cuando llegué a Derecho, en el 81, empezó a formarse el CUAS – Centro Universitario de Análisis Social – . Ahí estaban Juan Pablo Hermosilla, que ya iba en quinto, y también Tomás Jocelyn-Holt, que en ese tiempo aún no era democratacristiano; era más bien un independiente con ideas liberales. Yo era parte de la DCUC, la Democracia Cristiana Universitaria en la Católica, que surgió desde nuestra escuela. Compartíamos espacio con otros compañeros que venían del mundo socialista o comunista. Era una oposición diversa, naciente, que comenzaba a articularse dentro de la universidad.
Al egresar de derecho volvió a trabajar como abogado a Vallenar y tras trabajar años como abogado independiente, ahora si sintió el “click” de asumir un cargo de representación popular: cuando vio que en su región los candidatos venían importados desde Santiago, decidió competir. Ganó. Años después fue secretario general de la DC, luego se fue y en 2006 co fundó el Partido Regionalista Independiente (PRI).
¿Cómo nace el PRI?
Con Adolfo Zaldívar fundamos el PRI. Fue un intento genuino por construir una fuerza de centro con mirada regional del que me terminé yendo. Fue doloroso, nos peleamos con Adolfo.
¿Y cuando murió Adolfo?
Fui a su funeral. No nos habíamos reconciliado ni vuelto a ver directamente, pero sí lo recordaba con afecto y gratitud. El 2009, cuando apoyo a Frei en la segunda vuelta, me terminan echando del PRI, partido que yo mismo había ayudado a fundar. Había perdido una candidatura senatorial en Atacama y me quedé completamente solo, sin partido, sin grupo político. Adolfo, ya estaba más cerca de la derecha en ese momento, y yo, solo. Pero me volqué a mis actividades profesionales. Como abogado y en algunos negocios, me empezó a ir muy bien durante esos ocho años alejado de la política. Me reconecté conmigo, con mis capacidades.
¿Y cómo se pasa de colorín a verde?
Bueno, yo en realidad no fui un “colorín” como tal. Siempre me identifiqué más con el “valdecismo” dentro de la Democracia Cristiana. En la universidad, Gabriel Valdés era nuestro referente. Lo recuerdo en Plaza Italia, bajo el chorro de agua de los carros lanzagua, y nosotros ahí con él. Era un liderazgo potente, muy inspirador.
¿Y cuando llegas a colorín?
Conocí a Adolfo Zaldívar en 1989, cuando fue candidato a senador por Atacama. Luego, cuando yo ya era parlamentario, me invita a ser secretario general, y ahí forjamos una amistad política y personal. En ese contexto me sumé al grupo de los colorines. Luego vino lo que ya comentamos: me fui. Y desde siempre me motivó el regionalismo. Esa fue mi bandera incluso cuando fui candidato por la Democracia Cristiana: defender mi región, porque conocía su realidad mucho mejor que quienes venían de afuera. Esa fue siempre mi crítica.
¿Y de ahí a armar una federación regionalista?
Claro. Después junto a Esteban Valenzuela (actual ministro de agricultura), Alejandra Sepúlveda (actual senadora) y otros dirigentes de distintas regiones, fundamos la Federación Regionalista Verde Social. Éramos cuatro partidos regionales: uno en Atacama que armé yo, otro en Coquimbo con algunos consejeros regionales, otro en O’Higgins que impulsó Alejandra, y uno verde que venía de Aysén, “Somos Aysén”, muy ligado a la figura de Antonio Horvath, aunque él no militaba. Juntamos el regionalismo con la causa verde, y así nació la Federación Regionalista Verde Social. Porque el compromiso territorial y ecológico no son excluyentes, todo lo contrario: se potencian. Somos un partido de centroizquierda. Yo me defino ahí, con claridad. Soy un humanista cristiano de centroizquierda. Nunca me he corrido de esa línea.
En la elección pasada el FREVS apoyó a Jadue, ¿Gabriel Valdés lo habría hecho?
No lo sé. No hay que olvidar que Gabriel Valdés era un “chascón”, pertenecía al ala más progresista de la Democracia Cristiana, la que históricamente se identificaba más con la izquierda. Y, de hecho, toda la DC fue parte de la Nueva Mayoría, un gobierno donde también estaba el Partido Comunista.
En ese momento nosotros ya estábamos en un acuerdo con el PRO y el PC; comenzábamos a articularnos políticamente. Porque el sistema electoral chileno te obliga a agruparte, especialmente cuando estás partiendo. Si te quedas solo, desapareces. Las exigencias legales para mantener un partido en regla son tan altas que no te queda otra opción. Así que nos unimos: estaba el socialismo democrático por un lado, la derecha por otro, y en ese mapa no había muchas alternativas. Primero fuimos con el PRO y el PC; después, el PRO se alejó, pero nosotros seguimos con el Partido Comunista. Y más adelante nos sumamos al Frente Amplio.
¿Y si no ganas esta primaria, hay alguna candidatura que te costaría más apoyar?
La verdad, todas me cuestan. Y quizás por eso soy candidato. Si no, probablemente no lo sería. Pero si gana otro, claro que voy a apoyar, voy a cumplir con el compromiso. No se trata de hacer campaña tibia ni a medias; voy a estar ahí, como corresponde. Respeto a los tres, sin lugar a dudas.
¿Pero por qué no fuiste a Cerro Castillo post cuenta presidencial si hay unidad?
No fuimos, sí, es verdad. Pero eso no tiene relación con los candidatos. Tiene que ver con nuestras diferencias con el gobierno. Para ser honesto, hay compromisos con las regiones que no se han cumplido. El Presidente en su discurso, no mencionó nada sobre la eliminación de los delegados presidenciales regionales, ni sobre avanzar realmente en descentralización. Esos eran compromisos asumidos. Lo único que ha hecho el gobierno en materia de regiones es el royalty. Y ojo, el royalty es una ley que yo impulsé, de la que soy autor. Gracias a las indicaciones del Presidente se logró aprobar, y eso lo reconozco y agradezco. Hoy, gracias a eso, están llegando recursos a todas las regiones y a 307 comunas del país. Pero fuera de eso, no ha habido nada más. Esperábamos más en el discurso presidencial, y no estuvo, especialmente respecto a compromisos con las regiones.
Su padre no solo marcó la vida política de Jaime Mulet, sino también su vida familar. Formó una familia grande de cinco hijos. Se casó por primera vez a los 22 años con una compañera de universidad con quien tuvo dos hijas: una hoy médica y otra psicóloga. En 2002 se casó nuevamente. Flavia Torrealba, profesora de historia, cientista política y actual presidenta del FREVS es su pareja desde hace 25 años y con quien tienen dos hijos y una hija.
¿Cómo se conocieron?
Flavia trabajaba en el Sernam de Atacama durante mi primera campaña. Nos reencontramos años después.
¿Y cómo es militar con tu pareja?
No lo diría así. Ella milita por su cuenta. Ganó elecciones internas. Es una dirigenta muy sólida. A veces siento que ha influido más ella en mí que yo en ella.
¿Cómo ven tus hijas e hijos tu vida política?
Solo uno se interesa algo en la política. Pero intento no meterlos. La vida pública tiene costos y no quiero que los carguen por mí.
¿Has sentido culpa por eso?
Sí. Pero mi papá me ayudó a lidiar con eso. Me dijo: “Te eligieron. Te debes a ellos. Tu familia debe entenderlo”. Y él era un hombre de familia, muy presente. Eso me alivió la conciencia.
Mulet no habla del país como una unidad abstracta. Lo imagina como un tejido vivo, compuesto por regiones autónomas, capaces de tomar decisiones sin pedir permiso a la capital. Por eso su programa de gobierno se basa en 5 ejes principales: crecimiento económico para un desarrollo sustentable con justicia social y ambiental; seguridad integral, control efectivo de la inmigración y combate al crimen organizado y el narcotráfico; descentralización mediante un regionalismo Verde; defensa y el fortalecimiento de la democracia modernizando el Estado y Chile te cuida (ver infografía).
¿Cuál sería tu primer proyecto como presidente?
Eliminar los delegados presidenciales. Distribuir el poder. Que los ministerios funcionen desde las regiones. No puede ser que haya 5.000 funcionarios del MOP en Santiago. El país tiene que descentralizarse en serio.
Tu propuesta en seguridad
El narcotráfico está corroyendo a Chile. Yo propongo una ley de extinción de dominio: si alguien no puede justificar sus bienes con ingresos lícitos, el Estado puede decomisarlos sin juicio penal. Es una herramienta efectiva contra el crimen organizado.
¿Y la inmigración?
Chile no puede recibir más inmigrantes irregulares. El país es como una casa: si entran por la ventana, tienes derecho a pedirles que se vayan. Lo digo con claridad: mi primer discurso como presidente será para decirle a Latinoamérica que Chile ya no puede recibir más.
¿Qué harías en salud y educación?
Privilegiar la educación temprana. No fallar en la pre-básica y básica. Y en salud, no tengo dogmas: si los privados pueden ayudar a reducir listas de espera a menor costo, deben hacerlo. El Estado debe garantizar el acceso, no necesariamente ser el proveedor.
¿Cuál es tu postura sobre la gratuidad en la educación superior y la condonación del CAE?
Mira, para mí el tema de la gratuidad y la condonación del CAE tiene un problema de prioridades. Lo que ocurrió es que la generación de los jóvenes se puso por delante de personas mayores – gente que hoy tiene 70 u 80 años – que no tienen acceso a salud, que trabajaron 60 horas semanales, que se tragaron la dictadura, y que ahora están enfermos y sin apoyo. Para mí, ellos debieron ser la prioridad antes que la gratuidad. Siento que la generación más joven logró imponer una agenda, que en mi opinión fue equivocada, dejando atrás a quienes construyeron este país y hoy la están pasando muy mal con pensiones miserables y sin acceso digno a la salud. Esa es mi lógica. Por eso no estoy de acuerdo con las condonaciones masivas. Yo mismo pagué mi crédito fiscal. Creo que debe existir un sistema de crédito estatal, no bancario, y que el pago sea proporcional al ingreso, sin convertirse en una carga asfixiante. Pero insisto: había una deuda con los adultos mayores, y se pasó por alto. Hoy uno ve a tantos de ellos desamparados, con problemas de salud, y eso no puede ser.
Tu slogan de campaña es Corazón Valiente, ¿mirando a William Wallace?
No. Nació del mismo equipo. Viene por mi historia política que ha sido de una línea: luchan sin ser peleador contra las mineras por el Royalty. De presentar querellas contra las farmacias. De proponer el primer 10%. De decir cosas que otros callan. Siempre me ha tocado enfrentar poderes grandes. Y lo seguiré haciendo.
Chile está creciendo por debajo del promedio mundial. ¿Cómo impulsarías el crecimiento económico?
Sí, hoy estamos creciendo bajo el promedio global: el mundo crece a 2,9% y nosotros estamos en 2,5%. Claramente podemos y debemos crecer más, especialmente después de años difíciles. Tengo una propuesta concreta para impulsar el crecimiento, partiendo por algo muy simple: dinamizar el sector vivienda.
¿En qué consiste tu propuesta?
La idea es reactivar la construcción de viviendas públicas y privadas mediante incentivos tributarios, reducción de IVA y tasas de interés más bajas. También es clave bancarizar a sectores medios que hoy no califican para crédito hipotecario porque los precios subieron, los sueldos no, y las tasas se dispararon. Si logramos que se construyan más casas y departamentos, bajan los arriendos, bajan los dividendos, y según nuestros cálculos, el impacto podría ser de al menos medio punto más en crecimiento.
¿Esa es la única vía?
No. Hay otra propuesta: una vía legislativa rápida para aprobar proyectos sin grandes cuestionamientos ambientales —como hospitales, caminos, puertos o sistemas de agua— que hoy están trabados por años, a veces por trámites con el Consejo de Monumentos Nacionales. Además, es urgente avanzar en fundiciones propias: hoy exportamos cobre en concentrado, perdiendo empleos, valor agregado y aumentando la huella de carbono.
En tu programa te refieres al crecimiento económico y crecimiento sustentable, ¿cuál es la diferencia?
La sustentabilidad no es solo un límite: es un compromiso. Implica no entregar un planeta en peor estado a las futuras generaciones. Hoy, Chile y el mundo están consumiendo más recursos de los que el medioambiente puede regenerar. Necesitamos dejar de degradar y empezar a recuperar.
¿Cómo integrar la sustentabilidad al crecimiento?
En cada política pública debe haber un componente verde. Por ejemplo, todas las viviendas nuevas deben ser ecológicas y energéticamente eficientes. Las fundiciones deben operar con energías limpias, estar encapsuladas y reducir al mínimo las emisiones. Y los proyectos que impulsemos por vía rápida deben cumplir estándares ambientales. Los que no, seguirán el camino regular y se evaluará caso a caso.
Como base del creimiento has mencionado a las Pymes y cooperativas, ¿cuál es el rol?
Las cooperativas son la base de una economía más justa: distribuyen riqueza, no la concentran. Funcionan con transparencia, con vínculos reales. En el mundo rural, en la pesca, en el agro, en los servicios: ahí están las soluciones. Son modelos que fortalecen la democracia económica.
Esta entrevista termina cerca de las 7 de la tarde. Poco después, la consultora Descifra publicó una encuesta de la evaluación del debate de primarias. Entre los resultados hay uso que sobresale: el 55% de las personas que escucharon las propuestas de los cuatro candidatos, mejoraron su opinión de Mulet como figura presidencial. Una cifra que superó ampliamente el 31% de mejoría de Carolina Tohá, 29% de Gonzalo Winter y 33% de Jeannette Jara.
Un número, convertido en la señal, de un ascenso.







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