
En una pieza de Santiago centro, Francisca Zapata se despierta cada mañana con los dedos dormidos y un dolor ardiente que le recorre el cuerpo. Tiene 53 años, estudió Economía en la Universidad de Chile y hace más de una década que el dolor le impide trabajar de forma regular. En la salud pública le diagnosticaron fibromialgia sin exámenes, le dieron medicación para un presunto trastorno bipolar y la sometieron a una batería de fármacos –lamotrigina, risperidona, quetiapina, clonazepam, litio – hasta sumar 25 pastillas diarias. Llegó a pesar más de 100 kilos en un cuerpo que mide 1.53 cms, perdió la memoria a corto plazo y, a pesar de las radiografías, nadie conectó sus síntomas con los atrapamientos nerviosos de sus manos, las microfracturas en sus pies o la posible espondiloartritis que sufría. Se sentía desamparada por un sistema que fragmentaba su dolor y lo aminoraba con pastillas. Un sistema que dividía su cuerpo en partes a cargo de cada especialista, no en un sistema completo.
En febrero de este año, un amigo la puso en contacto con la Medicina Integrativa y le recomendó al médico Ivo Vukusich, uno de los practicantes de la terapia neural en Chile. Francisca acudió a su consulta con ese dolor desesperante que no sabía cómo se llamaba: tenía la fascia inflamada. La fascia es una lámina delgada de tejido conectivo fibroso formada principalmente por colágeno. Recubre y sostiene todas las estructuras del cuerpo — músculos, tendones, ligamentos, nervios, articulaciones, huesos y órganos — formando una red continua de soporte. Cuando la fascia está sana es flexible y se mueve con el cuerpo; cuando se tensa o se inflama puede restringir el movimiento y causar dolor. El médico Vukusich lo explica de una manera más sencilla: “es como un mantel que cubre una mesa, si tiras de un lado puedes botar las cosas que están al otro extremo, porque no es que este conectado, es uno solo. Imagina ahora que a ese mantel, que debe poder desplazarse de manera normal, le pones clavos. Un aspecto de la Terapia Neural consiste en buscar donde están esos clavos, y soltarlos”.
Así la vida de Francisca consistía en dormir con las manos y pies fuera de la cama y con las ventanas abiertas en pleno invierno, pues era la única forma de aminorar los calambres eléctricos desde los dedos que le impedían escribir, la acostumbraron a tener los hombros encogidos y un cuerpo que ardía. “Él Dr. empezó a inyectar un anestésico local en mis cicatrices de apéndice y cesáreas. Tenía bultos duros en esas zonas. Desde la primera infiltración se me fue el dolor eléctrico y las cicatrices se aplanaron. Me sigue doliendo, pero nunca más de esa manera, hoy me duele lo que tiene que doler”, recuerda Francisca.
Con cada sesión – lleva ocho, una por mes – el médico inyecta pequeñas pápulas de procaína en la cabeza, el cuello o la espalda, libera nódulos en la columna y observa cómo la postura y el sueño de su consultante cambian. La sensación de tener su cuerpo permanentemente enchufado a un cableado eléctrico ya no la siente, aunque persisten las molestias mecánicas. Francisca puede caminar, dormir y reír con los hombros hacia atrás, dice sacando pecho hacia delante.
Esta escena resume el espíritu de una medicina que nació hace un siglo en Alemania. La terapia neural (o Medicina Neuralterapéutica, como la define la OMS) consiste en inyectar anestésicos locales, generalmente procaína, muy diluido en cicatrices, ganglios autonómicos y puntos específicos del cuerpos para restablecer la capacidad autoregulación y autoreparación del organismo. La técnica se originó a partir de los estudios sobre anestésicos locales a fines del siglo XIX y comienzos del XX: Freud y Koller experimentaban con cocaína para tratar la neuralgia del trigémino, y en 1904 Alfred Einhorn sintetizó la procaína. Veinte años más tarde, dos hermanos alemanes, los médicos Ferdinand y Walter Huneke dieron en el clavo que cambió el tratamiento del dolor crónico para siempre. La tercera de los hermanos Huneke, era una mujer que vivía con una migraña refractaria invalidante que no había respondido a ningún tratamiento tradicional. Un día de 1925, Ferdinand administró a su hermana un medicamento antirreumático por vía intravenosa que contenía un 2% de procaína y contra todo lo esperado, esa cefalea porfiada desapareció inmediatamente. Lo mismo pasó con otra consultante, que por el tamaño de sus venas, no pudo recibirlo de manera intravenosa y tuvo el mismo resultado. Este hallazgo lo llevó a publicar el trabajo “Los desconocidos efectos a distancia de anestésicos locales”. En 1940 el descubrimiento fue más allá cuando el mismo Ferdinand atendía a otra consultante que sufría un dolor crónico en el hombro, una periartritis que no respondía a ningún tratamiento. Durante la revisión, Huneke decidió inyectar procaína en una cicatriz vieja de osteomielitis que la mujer tenía en la pierna. Lo que ocurrió después fue sorprendente: el dolor en el hombro desapareció de inmediato, justo en el instante de la infiltración. Esto lo describieron como “fenómeno en segundos”. Surgió así la teoría de los campos interferentes. Estos son focos irritativos como cicatrices, cambios producidos por infecciones y hasta piercings, que alteran el sistema nervioso autónomo y provocan síntomas a distancia. Esto ocurriría porque podrían seguir generando “actividad” en el sistema nervioso y enviar señales alteradas que generan síntomas en partes distantes del cuerpo. Con una simple inyección de procaína en el lugar correcto, esas señales se pueden “apagar” y el organismo recuperar su equilibrio.
Intuición y ciencia
Ferdinand y Walter Huneke se formaron como médicos en la escuela de fisiología y neurofisiopatología alemana. Desde allí, aplicaron anestésicos locales en un contexto donde la farmacología moderna daba sus primeros pasos. Su hallazgo – la desaparición instantánea del dolor al inyectar procaína en un foco irritativo – los llevó a desarrollar un método segmentario que consideraba al organismo como un sistema interconectado. La terapia neural se basa en tres ideas: la observación de que no todas las personas se enferman bajo las mismas condiciones patogénicas – porque hay disfunciones previas -, idea de que el sistema nervioso integra y organiza los procesos que permiten la adaptación al entorno y la propuesta de que al neutralizar los sitios de interferencia con anestésicos locales diluidos se puede recuperar la autorregulación y el bienestar de las personas que presentan dolor u otros problemas de salud.
Durante el siglo XX la práctica se extendió por Europa y América Latina. En Alemania, Suiza y Austria forma parte de las técnicas de medicina integrativa; en Sudamérica ha sido impulsada por médicos de Colombia, Argentina y Chile.
A fines del siglo XX llegó a Estados Unidos y otros países. En Chile desde hace 15 años el médico Ivo Vukusich se convirtió en uno de sus practicantes y divulgadores tras vivir un episodio personal: cuando era estudiante de medicina se enfrentó a un examen oral y aunque sabía exactamente qué responder, pidió a la comisión permiso para dormir solo un momento para poder seguir. Los ojos se le cerraban, sin poder hacer nada para evitarlo. Con curiosidad de médico llegó semanas más tarde a un neurólogo que le diagnosticó narcolepsia con polisomnografía y exámenes en mano. Años después, él y un colega observaron que la cicatriz que tenía en la frente por tres caídas consecutivas según un TAC cerebral coincidía con la altura de la epífisis, zona dónde se secreta melatonina y cerca del hipotálamo donde se secretan las orexinas, dos protagonistas a la hora de dormir y permanecer en vigilia.
Un solo pinchazo con procaína en la cicatriz coincidió con que no volviera a presentar crisis de hipersomnia (como una crisis de epilepsia en que en lugar de no poder evitar convulsionar no se puede evitar dormir). ¿Cómo se dio cuenta? Estaba en una charla que recuerda aburrida como pocas y su colega se percató que no pegó pestaña en más de dos horas ¡Bingo!. Desde entonces, Vukusich ha rehabilitado a decenas de pacientes mediante Medicina Integrativa y cuenta casos muy poco frecuentes como una mujer con una importante hipoacusia (sordera) que recuperó significativamente su audición y otros tan frecuentes que se vuelven habituales como la recuperación de cefaleas (en mujeres muchas veces vinculadas a la cicatriz de la cesárea) o la mejora en la función tiroidea tras la terapia neural.
Hoy en Chile hay decenas de profesionales de la salud que practican esta terapia. Una consulta médica puede costar desde menos de $5.000 que es el precio del copago de un bono Fonasa nivel I, hasta un rango entre los $40.000 y $150.000 que se encuentra en el sector privado de la medicina. En todos estos casos, se incluye dentro de una consulta y debe ser administrada por profesionales de la salud autorizados para la aplicación de anestésicos locales. Además, con esta práctica, la frecuencia de los controles disminuye en el tiempo, pues el efecto de la procaína es casi algorítmico, y recuerda a los terremotos. Cuando se pincha el epicentro de interferencia como una cicatriz el efecto contra el dolor es inmediato: la primera vez puede durar uno o dos de días, la siguientes varios días, luego semanas, luego meses y eventualmente el período sin molestias entre aplicaciones es de años. Igual que un movimiento sísmico cuyo efecto se expande con tan solo milésimas de diferencia.
Formación y mirada integral
Otra de las voces que confirma la expansión de esta práctica es la de la odontóloga María Jesús Rivera Hechem, titulada hace 13 años en la Universidad de Chile y especializada en trastornos temporomandibulares y dolor orofacial de la Universidad Andrés Bello. En su trayectoria, el yoga –aprendido de su madre y su abuelo – despertó su interés por las terapias complementarias. “Trabajé en la Clínica de Alivio del Dolor en la Universidad de Chile y allí traté pacientes con acupuntura y terapia neural. Decidí formalizar mis estudios con un diplomado en Medicina Tradicional China y un magíster en Terapia Neural en la Universidad de Barcelona”, explica. Desde entonces ha integrado odontología, acupuntura, yoga y terapia neural para tratar dolores crónicos, que ella describe como “una verdadera pandemia”.
Para Rivera, la terapia neural es más que una técnica de infiltración; es una visión médica que concibe al organismo como un sistema capaz de autorregularse. Antes de pinchar, realiza una historia de vida detallada del paciente para detectar traumas físicos o emocionales que hayan dejado una huella en el sistema nervioso. Estos campos interferentes pueden ser desde cicatrices quirúrgicas, hasta tatuajes. Al aplicar anestésico diluido en estas áreas, el sistema recupera su capacidad de conducción y los síntomas remiten. “He visto pacientes que llegan con años de dolor, consumiendo tramadol u opioides. Tras identificar sus cicatrices y puntos de tensión, el dolor se reduce de forma sorprendente. Algunos desaparecen durante meses o definitivamente; otros bajan la intensidad o dejan de tomar fármacos”, explica la odontóloga.
Rivera subraya que la técnica no compite con la medicina industrial ya que utiliza un fármaco reconocido – procaína o lidocaína – y se complementa con kinesiología, fisioterapia, yoga o fitoterapia. Su valor, dice, está en escuchar al consultante y entender su historia. En el sistema público, ha tratado pacientes en centros de atención primaria y cree que se pueden capacitar a médicos, odontólogos y enfermeras para integrarla en la red pública, porque el dolor crónico es un problema creciente y la terapia neural es una herramienta de bajo costo y baja patogenicidad.
Casos que reescriben el dolor
Además del relato de Francisca Zapata, la literatura sobre terapia neural ofrece múltiples casos de éxito. De muestra un botón de tres casos publicados en el Journal of Prolotherapy: un hombre de 71 años con lumbalgia continua durante más de cuatro décadas recibió infiltraciones en cicatrices de muñeca y plexos autonómicos; su dolor lumbar disminuyó hasta desaparecer cuando combinó la terapia neural con proloterapia, tratamiento que consiste en inyectar pequeñas cantidades de una solución irritante — generalmente dextrosa — en articulaciones, ligamentos o tendones para provocar una respuesta inflamatoria controlada.
Una mujer de 35 años operada de cáncer cervicouterino, que sufría neuralgia facial y dolor lumbar pese a proloterapia y plasma rico en plaquetas. El “fenómeno en segundos” se hizo cierto cuando experimentó alivio casi completo de la neuralgia y mejoría del dolor lumbar tras recibir inyecciones de procaína en cicatrices de histerectomía, rodilla y tatuajes, y finalmente un corredor de 75 años que dejó de practicar su deporte por un dolor bilateral en los pies. Volvió a correr después de seis sesiones de terapia neural. Estas experiencias, publicadas en revistas de medicina integrativa, coinciden en que al neutralizar cicatrices o regular ganglios vegetativos se logra reducir o eliminar dolores refractarios.
Otros casos para la estadística son los recogidos por Brobyn y colaboradores en 2015 que ilustran el fenómeno de los Huneke: un hombre de 40 años con dolor neuropático en la pierna no respondía a un año de acupuntura; la inyección de procaína en la cicatriz de vasectomía redujo el dolor en un 80% en una semana. Una mujer de mediana edad con rigidez crónica de rodilla mejoró de inmediato al infiltrar puntos en los pilares del velo del paladar que se relacionan con la amigdalectomía. Una joven con dolor abdominal severo, náuseas y vómitos dejó de tener síntomas cuando se retiraron sus piercings linguales y se infiltraron las cicatrices en la lengua y los puntos para las amígdalas, confirmando que un campo interferente puede generarse por procedimientos tan pequeños como ponerse un arito de pura estética.
100 años para celebrar
Al cumplirse 100 años del primer hallazgo de los hermanos Huneke, la comunidad internacional realizó dos grandes eventos: el Congreso Mundial de Terapia Neural en Alemania y la Décima Bienal Mundial de Terapia Neural Huneke y Odontología Neurofocal en Quito, Ecuador.
Mientra en Chile se ha organizado TN100: Terapia Neural, un Nuevo Siglo, una invitación a integrar una serie de actividades, con una misma “estampilla” a la que adherimos también en este artículo, para conmemorar el centenario, y promover el conocimiento de la propuesta tanto para profesionales de la salud, como para personas que podrían beneficiarse a través de consultas, la iniciativa incluye, hasta la fecha a tres iniciativas, que se comparten en el sitio www.tn100.cl:
El primer Encuentro Nacional de Terapia Neural, que realizará la Asociación Gremial Sociedad de Medicina Integrativa de la Quinta Región, en Viña del Mar, la primera semana de diciembre de 2025.
El inicio de un espacio de Encuentros abiertos de casos clínicos, en modalidad remota, a celebrarse el tercer miércoles de cada mes a partir de octubre de 2025.
Y hasta ahora, finalmente, una edición especial del curso de terapia neural que realiza desde 2010 el Instituto Chileno de Fenomenología Médica en conjunto con la Plataforma Escuela Sa1ud: “Terapia Neural: Un nuevo siglo”, un programa de 18 clases de dos horas cada una, realizadas de manera remota sincrónica (que serán grabadas, por lo que también se podrán realizar de manera asincrónica) y de 4 clases que se realizarán de manera presencial en 8 regiones de nuestro país.
TN100 continúa abierto a sumar nuevas actividades de celebración y destaca también la plataforma Biblioteca Virtual de Salud sobre Medicinas Tradicionales, Complementarias e Integrativas de la OPS/OMS que en su opción de búsqueda avanzada permite encontrar artículos específicos de Terapia Neural a través de la opción: Medicina Neuralterapéutica y la publicación del nuevo libro Terapia Neural: Diagnóstico y Tratamiento con Anestésicos Locales, publicado el presenta año por Editorial Médica Panamericana.
Como intuyeron los hermanos Huneke hace un siglo, muchas enfermedades no se curan apagando síntomas sino restableciendo la comunicación del sistema nervioso con el resto del cuerpo. Y quizá el alivio del dolor de millones de personas dependa de que las cicatrices del pasado dejen de interferir en el presente. Porque como dice la doctora Rivera, la “salud no es la no enfermedad, sino, el bienestar de las personas”
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