A diez años de el primer ENACOOP, el cooperativismo chileno llega a un punto de madurez marcado por avances históricos, nuevos desafíos y un escenario internacional favorable. Voces del mundo cooperativo, estatal y académico analizan este recorrido y proyectan el futuro de un movimiento que sigue creciendo desde la organización, la democracia y la comunidad.

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En Chile solemos decir “cooperé” para hablar de una pérdida. Se nos fue la micro a punto de tomarla, nos robaron sin darnos cuenta o confiamos en quien no debíamos. En el mundo cooperativo, en cambio, pasa lo contrario: cuando cooperas, ganas en comunidad, participación y bienestar.


Este año, el Encuentro Nacional de Cooperativas (ENACOOP), organizado por la Confederación General de Cooperativas de Chile (CONFECOOP) cumple 10 años. Lo que comenzó como un pequeño espacio de encuentro entre organizaciones, hoy se ha transformado en un punto clave para visibilizar el aporte social y económico de las cooperativas, y fortalecer los vínculos con autoridades y distintos sectores del país.


El origen

El cooperativismo no nació de una definición, sino de una necesidad: organizarse para que la vida fuera un poco más justa. Según la Alianza Cooperativa Internacional (ACI o ICA por sus sigla en inglés), las cooperativas son “asociaciones autónomas de personas unidas voluntariamente para satisfacer sus necesidades económicas, sociales y culturales mediante una empresa de propiedad conjunta y gestión democrática”. En palabras simples, un modelo económico donde cada persona vale lo mismo — ”una persona, un voto” — y donde las ganancias se reinvierten o se reparten entre quienes hacen la cooperativa.


El cooperativismo es una fuerza global, se estima que al menos el 12 % de la humanidad participa en alguna de las tres millones de cooperativas del mundo. Y Chile, no se queda atrás. La primera experiencia documentada, La Esmeralda, nació en 1887 en Valparaíso, impulsada por artesanos que buscaban mejores condiciones de vida. Desde las sociedades de socorros mutuos del siglo XIX hasta las cooperativas de consumo, servicios y electrificación del siglo XX, el país ha construido una historia cooperativa tan extensa como diversa.


A inicios del siglo pasado ya existían al menos cuarenta cooperativas registradas, y durante las décadas siguientes el apoyo estatal — la primera ley en 1924, el Departamento de Cooperativas en 1927, fue un impulso de CORFO y las reformas de los años 60 — permitió una expansión inédita. Entre 1966 y 1970, el número de cooperativas aumentó en un 70%, dando origen a experiencias hoy emblemáticas como SODIMAC y UNICOOP.


Para Horacio Azócar, presidente de la Confederación General de Cooperativas de Chile, la evolución del movimiento en la última década es evidente. Explica que hace diez años el sector estaba “invisibilizado y muy atomizado”, pero que el trabajo colectivo ha permitido posicionarse frente al Estado y lograr avances concretos. Agrega que “hoy podemos decir que, en este gobierno en particular, hemos crecido más del 50% en cooperativas, con un alto crecimiento en regiones”.


Respecto al aporte del sector a temas país, afirma que las cooperativas “por naturaleza son inclusivas” y que sus valores se alinean directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. También destaca su esencia democrática — “si son mil personas, son mil votos” — y su capacidad de equilibrar economía y dimensión social, “una cooperativa es una empresa económica y social; tiene que conjugar ambas cosas”.


Un encuentro con historia

Desde 2015, las cooperativas se reúnen en el ENACOOP, un espacio de articulación, encuentro y reflexión entre cooperativas de distintos rubros y territorios del país. A lo largo de la década, el encuentro ha sido testigo de cambios relevantes: desde el surgimiento de nuevas cooperativas en regiones hasta un mayor interés estatal por fortalecer este modelo económico.


En la versión del año pasado el Ministerio de Economía, informó que existían 1.918 cooperativas activas y vigentes, con un aumento interanual del 12,7 %, con más de dos millones de socios y socias – el 50,6% mujeres – , concentradas principalmente en el sector de servicios, seguido de producción, trabajo y agricultura. Este décimo aniversario coincide con un hecho histórico: la declaración de 2025 como Año Internacional de las Cooperativas por parte de la ONU, bajo el lema “Las cooperativas construyen un mundo mejor”. Como parte de esta conmemoración, Chile fue elegido por la Alianza Cooperativa Internacional para las Américas como una de las sedes regionales
oficiales.


La consejera nacional y directora ejecutiva de CONFECOOP, Paula Martínez, considera que esta señal llega en un momento clave. “Pone en el centro un modelo económico que históricamente ha estado invisibilizado”, afirma. Para Martínez, este reconocimiento abre una oportunidad para instalar el cooperativismo en la agenda pública y fortalecer su presencia política.
Martínez también destaca que “ha sido potente ver cómo cada año aumenta el interés por participar. Ya no solo se trata de encontrarse entre cooperativas, sino también de dialogar con autoridades y mostrar que estamos aquí y que necesitamos apoyo real del Estado”.


Azócar coincide en ese diagnóstico y complementa la mirada institucional con los avances en vínculo estatal, “el gobierno ha considerado la participación de las cooperativas en espacios donde antes no estábamos”. Entre los hitos, menciona que por primera vez un representante cooperativo acompañó al Presidente de la República en un viaje oficial, y que también fueron invitados a la última cuenta pública presidencial.

El exministro de Agricultura y académico de la Universidad de Concepción, Esteban “Teo” Valenzuela advierte sobre los riesgos de retrocesos en materia de apoyo estatal: “es muy importante que no se vuelva atrás en nada. Las propuestas de bajas sustanciales de impuestos pueden achicar el Estado y disminuir el apoyo a las cooperativas”. A esto suma la preocupación por ideas “que podrían afectar beneficios tributarios orientados a la economía circular”.


Desde la academia, Mario Radrigán, director del Departamento de Gestión y Políticas Públicas de la USACH y experto en cooperativismo, coincide en que el sector ha mostrado avances sustantivos durante la última década. Explica que, en estos diez años “ha aumentado de manera significativa la creación de cooperativas y también se ha generado un nuevo marco de apoyo desde las políticas públicas”. Esta combinación, señala, ha permitido mayor visibilidad y una preocupación creciente del Estado por el desarrollo cooperativo.
Aun así, advierte desafíos persistentes. El primero es el acceso al financiamiento: “Las cooperativas siguen teniendo dificultades para acceder a servicios financieros, tanto en lo privado como en instituciones públicas que apoyan inversión o capital de trabajo”, afirma.


A esto se suma una brecha formativa relevante: no existen programas en educación básica, media ni superior que entreguen herramientas para gestionar una cooperativa, pese a que su funcionamiento se basa en participación democrática, solidaridad y prácticas específicas que — según enfatiza — hoy no se enseñan ni a adultos ni a nuevas generaciones.

Reconocimiento global y nuevas oportunidades

La declaración de la ONU es más que simbólica. Para el mundo cooperativo, significa visibilidad, validación y oportunidades de articulación internacional. Que Chile haya sido designado como sede regional es una señal potente: posiciona al país en el mapa global de la economía social y solidaria.
Valenzuela, destaca que el cooperativismo es clave “en el contexto actual de reactivación económica y del aporte invaluable que hace al empleo, a los productos de calidad y también a la cadena exportadora”. Destaca ejemplos concretos, como el rol de cooperativas lecheras y el trabajo de cooperativas pesqueras y agrícolas en zonas como Curicó y el Maule, donde su aporte al desarrollo territorial ha sido significativo. También menciona procesos de largo aliento asociados a proyectos de riego, especialmente en comunidades mapuche de Freire, “con un dinamismo muy grande”, e incluso con proyecciones de alianzas para crear un mercado mayorista y exportar hortalizas al sur de Argentina.

Martínez señala que el reconocimiento de la ONU puede potenciar alianzas con organismos multilaterales, gobiernos locales y redes cooperativas regionales. “Nos permite decirle al mundo que aquí hay un movimiento cooperativo activo, con historia, con proyección, y que quiere dialogar con otros sectores”, afirma. Y adelanta que durante ENACOOP 2025 esta conversación será central, con paneles dedicados a identificar cómo capitalizar este impulso global para articular nuevas redes y reforzar las ya existentes.


Más que economía: impacto social

Su impacto no es solo productivo: el cooperativismo funciona como una red social, democrática y territorial que pone en el centro a las personas. Según Martínez, este modelo es “súper transversal, no es de izquierda, no es de derecha, es todo”, lo que permite que comunidades diversas encuentren en él un espacio de organización y solución colectiva. Para ella, la equidad de género es uno de los terrenos donde las cooperativas tienen un enorme potencial, “sobre todo en zonas rurales, donde todavía hay mucho machismo. Las mujeres estamos abriendo camino como lideresas en cooperativas, en federaciones y ahora en la confederación”, plantea.


Asimismo, explica que se encuentran trabajando en alianzas con organismos como ONU Mujeres y CORFO para instalar la perspectiva de género en el sector, con programas orientados a fortalecer cooperativas lideradas por mujeres y crear redes de apoyo. “La mirada de las mujeres es distinta a la de los hombres, y cuando trabajamos en conjunto pasan cosas buenas”, agrega.


Radrigán señala que todavía existen brechas importantes en la participación femenina. Aunque las mujeres representan el 52% de la base societaria, solo ocupan el 39% de los cargos directivos. Valora, eso sí, que Chile sea el único país del mundo donde la ley obliga a que los cuerpos directivos reflejen proporcionalmente la composición de género de las bases. Este avance permitió pasar del 24% al 39% en una década, aunque — como recalca — aún queda camino para lograr plena participación y para que las cooperativas
diseñen servicios que respondan a las necesidades específicas de las mujeres.
Todos estos elementos; equidad, redes comunitarias, democracia interna, apoyo mutuo; reflejan que las cooperativas no solo generan ingresos o empleos: construyen comunidad.


Y en un escenario donde las personas buscan soluciones colectivas a problemas comunes, este tejido social se vuelve una de las fortalezas más profundas del sector.

ENACOOP 2025: mirar hacia adelante

En esta edición aniversario, ENACOOP pondrá especial atención en tres sectores estratégicos: cooperativas de vivienda cerrada, recicladores de base y agua potable rural.


El encuentro espera generar alianzas público-privadas, abrir espacios de diálogo con autoridades y proyectar una agenda común para los próximos años.


De cara a los diez años del encuentro, Azócar lo describe como “una celebración colectiva”, recordando que en esta década han reunido a más de 30 mil personas. Para él, la clave hacia adelante es mantener el vínculo territorial, “el año pasado estuvimos en Valdivia en una jornada muy emotiva”, señala, enfatizando que esta versión profundizará el trabajo con sectores emergentes. Con miras al futuro, plantea que el cooperativismo debe ser política de Estado, no depender de gobiernos de turno: “el Estado debe garantizarnos igualdad de condiciones. No pedimos privilegios, pedimos cancha pareja”. La conmemoración del Año Internacional de las Cooperativas, asegura Martínez, marcará
un antes y un después, pero solo si el sector es capaz de escucharse y trabajar en bloque. “No se trata solo de que hablen las autoridades. También tenemos que escucharnos entre cooperativas, compartir experiencias, construir un discurso común”. Y desde un lugar más pedagógico y político, señala que “si no formamos, si no aprendemos y si no comunicamos lo que hacemos, esto no crece. Hay que mostrarlo, contarlo, porque el cooperativismo está vivo, y mientras más se vea, más fuerza tiene”.


Valenzuela coincide en la necesidad de consolidar avances, aunque advierte que sin protección institucional podría haber retrocesos, “es muy importante que no se vuelva atrás en nada”. Desde ahí, su llamado es a aprovechar la coyuntura global y reforzar la capacidad del sector para aportar a la reactivación económica, el empleo y las cadenas productivas. “Nos vemos con esperanza a fin de mes en este nuevo encuentro nacional de cooperativas”, señala, proyectando un encuentro que combine celebración, alerta y responsabilidad.


Por su parte, Mario Radrigán lleva la conversación hacia los desafíos estructurales que marcarán la próxima década. Señala que, pese al crecimiento del sector, Chile sigue siendo altamente centralista: “Las federaciones están en Santiago, no en regiones, y hoy existen gobiernos regionales y municipales sin estructuras cooperativas con las que dialogar”. A esto suma dos prioridades: avanzar en integración económica y fortalecer la formación, tanto para nuevas generaciones como para dirigencias que deben enfrentar cambios tecnológicos y sociales.

Las voces de Azócar, Martínez, Valenzuela y Radrigán convergen en un mismo horizonte: ENACOOP 2025 aparece como un momento para ordenar una hoja de ruta común y fortalecer el movimiento hacia los próximos años.

Una oportunidad para consolidar un movimiento que ha sabido crecer, adaptarse y proyectarse hacia el futuro. En tiempos de incertidumbre, las cooperativas no solo construyen viviendas, redes de reciclaje o sistemas de agua potable: construyen confianza y futuro. Porque cuando todos cooperan,
nadie queda cooperando.

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